miércoles, 7 de octubre de 2009

Y si supieras...

Y si supieras que las ondas de tu pelo acarician sus mejillas en sueños.
Y si supieras que sueña con besar tu frente para poder mimar tus pensamientos.
Y si supieras que tus párpados marcan el sosegado ritmo que su corazón necesita para calmar la agitación que siente cuando únicamente mira la quietud de tu fotografía.
Y si supieras las veces que ha pintado en un papel la forma de tu nariz, delirando por sentirla frente a la suya, muy cerca, aproximándose a cámara lenta.
Y si supieras que tus labios son su almohada cada noche, porque así se siente rozado por tu belleza.
Y si supieras que tus mejillas están pegadas a sus dedos en todo momento, pues son la segunda piel que necesitan sus manos para resguardarse de la fría soledad.
Y si supieras que te nombra en la distancia para que el viento no se olvide de tu nombre y lleve hasta ti ese murmullo escondido que despierte en tu mente el pensamiento de sus palabras.
Y si supieras que suspira porque en tu cuello descansen sus besos y los transformes en cálidas gotas de amor que resbalen por tu garganta.
Y si supieras lo que daría porque tus manos rozasen su cara para que tu esencia se quede impregnada para siempre dentro de él, y la guarde como su tesoro dentro de su corazón.

Y si tú lo supieras, ¿harías algo?
Y si un día me atreviera de decírtelo, ¿me equivocaría?


What if (Coldplay)


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lunes, 5 de octubre de 2009

El botón rojo.

Hoy estoy distraido de mis sentimientos, de mis amores, de mis latidos.
Así que, sin que sirva de precedente, os contaré lo me pasó hace tiempo con un botón.
Espero que me perdonéis estas locuras que me vienen a la cabeza y que no son mi estilo.


Hay botones malditos por naturaleza, de esos que el noventa por ciento de las veces se pulsan sin querer, y el diez por ciento restante se pulsan sin ser conscientes de ello.

En mi caso, también existe un botón atrayente y misterioso, como todos los botones que no tienes que pulsar.
Es curioso, los botones "prohibidos" siempre los hacen más bonitos que los demás, de color rojo "pasión", con lucecitas y cartelitos en donde se puede leer "don't touch" (aunque siempre hay alguien que lo pintarrajea y pone cosas obscenas"), incluso con tapa.

Pues mi botón era de los competos, con tapa, pero la tenía rota.
La rompió un compañero de trabajo, al que se le derramó un café recién hecho sobre la "durísima" tapita del botón, que terminó derritiéndose.
Si ya se lo habíamos dicho un montón de veces "no sabemos como te puedes tomar un café abrasando de un trago", aunque sí lo sabíamos, era porque veinte años tomándose dos copazos de coñac a las seis de la mañana le habían cauterizado por dentro, incluso parte de la cabeza, porque era un poco imbécil.

Como rezaba un cartelito remachado en la máquina, llamamos al técnico autorizado. Pero claro, el técnico tardó ocho días en aparecer, suponemos que por algún atasco mental, pues el servicio técnico estaba a treinta minutos en coche de caballos.
Y en esas esperas ocurrió lo impensable.

Yo estaba fuera de mi puesto de trabajo, y al ir hacia él, un compañero me dijo, a voces como en cualquier fábrica, que le acercara una llave inglesa que tenía a mi lado.
Cogí la llave inglesa. Era pequeña, parecía de juguete, y, de camino, metí el "dedito" en el "agujerito" de la susodicha, y cual "billy el niño" con su pistola, empecé a darla vueltas hacia delante y hacia detrás, hacia delante y hacia..., ¿¡hacia arriba!?.
Sí, salió disparada hacia arriba, con tan mala suerte que cayó justo encima del "botón superprohibido", el de la "tapita a prueba de bombas (frías)".

Lo que pasó a partir de ese momento fue de locura, carreras, gritos de histeria, el consabido "si ya lo sabía yo", y el no menos consabido "quien iba a ser", y el escatológico "se podría haber metido el dedo…".

Y claro, había que decírselo al jefe.
Y, por supuesto, tuve que mentir a mi jefe, y nunca me he sentido…… ¡tan bien cuando se tragó que, como estaba rota la tapita, pasé la mano sin querer y el botón se apretó casi por si mismo!, ¡es que es un botón tan frágil!.

Como siempre pasa en estos casos, tuve una reprimenda.
Fue el "técnico que vino del otro lado del mundo para arreglar la tapita del botón" el que se llevó una buena bronca por haber tardado tanto en venir, (que se la merecía el hombre, pero me dio un poquillo de pena, jeje).

Pues nada, tened cuidado con los malditos botones superprohibidos, y sobre todo no jugueteéis con las llaves inglesas, que los ingleses siempre están "arriba y abajo, arriba y abajo" con la cerveza, o por lo menos eso dicen, que yo no he tenido el gusto de conocer a ninguno, y mucho menos el placer de conocer a ninguna inglesa.

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sábado, 3 de octubre de 2009

Tuve

Tuve el sueño de que tu dulzura se hacía tangible lejos de mí, y su llamada me atraía como la luna llama al mar, susurrándole muy bajito hasta que el alba les vuelve a separar.

Tuve el sueño de la utopía que es beber del almíbar de tu nombre con sólo nombrarte, y emborracharme con cada una de las letras que lo componen.

Tuve la fantasía de que tu ternura sonaba como los trinos de los pájaros, y te hacías nota de música para que yo te escuchara.

Tuve el espejismo de tenerte cerca, tan cerca que podía sentir tu aroma a mil flores, esa fragancia que envuelve todo tu ser y todo lo que tocas.

Tuve el desvarío de rozar el néctar de los dioses que es tu piel, y notar ese escalofrío que se siente al impregnarme de tu alma.

Tuve la alucinación de que tus ojos color miel traspasaban las tinieblas con su luz, y que separabas su tenebrosa negrura solamente para mirarme.

Cuando desperté no ocurrió nada que no debiera de haber ocurrido.
La soledad sigue a mi lado y puede que sea ella, y no tú, la que se haya vestido de prestado en mis sueños para decirme que nunca se alejará de mí.


Dreams (The Corrs) [Canción original de Fleetwood Mac]


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miércoles, 23 de septiembre de 2009

Quisiera ser Gota de Rocío

Sé que los deseos, al final, se cumplen, o por lo menos esa es mi esperanza.

Deseo que un día, al despertarme, me haya convertido en una gota de rocío.

Sería una vida tan corta como el recorrido que existe entre el pétalo de una flor y el suelo que la alimenta.
Cuando llegara al suelo iría directamente al cielo de las gotas de rocío, para esperar allí hasta que otra noche empice a renacer para continuar siendo una gota de rocío.

Quien fuera como esa gota de rocío que cada mañana, con su caricia, se desliza y recorre ese infinito camino entre tu rostro y el suelo, para morir a tus pies. Y de nuevo, a la mañana siguiente, surgir de entre las tinieblas para que al amanecer me dejes morir de nuevo.

Quizás un día, el dios de las gotas de rocío, me conceda el deseo de que, cuando ya haya besado tu mejilla y me esté precipitando por el vacío, acerques tu mano y choque contra ella.

Me rompería en cientos de minúsculas gotitas que, por un segundo, habrías salvado de la muerte, para aplazarla y endulzarla con tu suavidad.

Me quedaría quieto, aferrándome a tu piel con cada uno de mis múltiples YO.
Cada parte de mí notaría una parte de tí.
Estaría en tus dedos, en tu muñeca, con mucha suerte, llegaría hasta tu brazo, y sería un verdadero milagro si pudiera llegar a tu vientre.

Alguna de esas cientos de gotitas mías, se evaporarían al tocar tu piel.
Serían las más pequeñas y frágiles.
Desaparecerían como un atómico vapor impregnado con tu esencia.

Esas partes de mí convertidas en vapor van directamente a nuestro cielo, porque nunca caen al suelo.

El resto de mí estaría pegado a ti.

Poco a poco me adentraría en tu piel.
Lo haría lenta y dulcemente, sabiendo que al final también moriré, pero siendo la gota de rocío más feliz de mi mundo y de mi cielo.

Al final, formaría parte de ti un solo momento, que me parecería un suspiro que soñaría en volver a suspirar.

Luego, todo se acabaría.

Todo esto que te he contado se cumplió.

Ahora, como todas las noches desde que me convertí en una gota de rocío nocturna, estoy en el cielo de las gotas de rocío, nuestro cielo.

Aquí, si una gota de rocío piensa con todas sus cristalinas fuerzas en un deseo, al final, puede que el dios de las gotas de rocío se lo conceda.

Así que, como siempre, estoy pensando en ti.

Deseo que llegue otra noche que después de una flor no haya ninguna otra flor por la que deslizarme, sino que caiga por un oscuro agujero, largo y frío, casi eterno.
Deseo con todas mis fuerzas que en el otro extremo del agujero despunte el amanecer y abra mis ojos, de gota de rocío, en tu mejilla.

Entonces, pediré de nuevo al dios de las gotas de rocío, mi dios, que una noche choque contra tu mano.....

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La gota de rocío (Silvio Rodríguez)



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lunes, 21 de septiembre de 2009

Gotas

Tú y tus escritos sois como una gota de rocío.

Como una gota de rocío brillante
robada al nacimiento de la mañana,
resbalas entre letras parpadeantes
dotándolas de una tersura dorada.

Acaricias con tu singular suavidad
las inertes curvas de su diseño
para esculpir su oculta verdad
y mostrarnos tu corazón sincero.

Y cuando de madrugada revives
oculta a nuestras miradas,
en otros corazones tiñes,
con tu luz, su oscura morada.

Y cuando se despide el alba
tu rocío se transforma
en la luz que inunda el alma
y que dócilmente elabora,
con tus pensamientos, una capa
que nuestros corazones arropa.

Y de nuevo llegará la noche
recubiertos con tu manto,
y nos inundará el derroche
de tu sublime encanto.

Soñaremos con tu reflejo
en las estrellas del cielo
y leeremos tus cálidas gotas
de rocío y de terciopelo.

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viernes, 18 de septiembre de 2009

Perseguidor de tus palabras

Soy un perseguidor de las cosas bellas, esas que se intuyen de lejos y te conmocionan de cerca.
Es como un veneno, y soy adicto a ellas.
Soy propenso a leerte.
Siempre espero abrir esta ventana y encontrarme con tus manos repletas de palabras, adverbios escapándosete entre los dedos, adjetivos formando pulseras en tus muñecas.
Siempre espero en volver a leer esos pasados imperfectos que vestidos de domingo, con zapatos de tacón y bolso nuevo, los haces perfectos.
Siempre espero inspirar al llegar al siguiente punto y seguido, porque entre medias no quiero que el más mínimo ruido me distraiga de tu lectura.

Siempre espero volver a implicarme en tus textos hasta perder mi identidad mientras te leo. Ser el bueno, el malo, el amante, el despechado, el que espera, el impaciente, el que se marcha, el que se queda, el que besa, el que sueña que le besan.

Y cada vez que tardas en escribir, pienso que en tu blog faltan hojas.
Seguro que no sólo hay hojas enteras, sino que también existen los decimales, que la belleza no se circunscribe a hitos bien definidos, sino que hay infinitas formas de describirla, y seguro que mi navegador necesita una actualización para verlas.
Seguro que por alguna extraña razón, tus textos siempre caen en las páginas con decimales.

Esperaré esa maldita actualización, porque sin tus textos me falta algo.


Esperaré (Presuntos Implicados)



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